Blog

EL VINO DEL ROMÁNICO

La vid fue un producto de enorme importancia a lo largo de la Edad Media por su alta rentabilidad, ya que era un elemento imprescindible en la liturgia cristiana. Además era muy apreciado por los señores (laicos y eclesiásticos) para su mesa, lo que incentivó la extensión del cultivo de la vid mucho más que en momentos actuales, apareciendo incluso en regiones septentrionales en las que hoy no existe. Por estos motivos, los trabajos de la viticultura se sucedían a lo largo de todo el año y en ellos participaban con frecuencia mujeres y niños por la necesidad de mano de obra. En invierno se procedía al cavado y abonado de la tierra, en el mes de marzo, a la poda y parcial renovación de las cepas, y en septiembre, a la vendimia. En fechas precedentes a la vendimia, los campesinos se dedicaban a la preparación de los toneles donde guardarían el vino (oficio artesanal muy importante en las principales regiones vitivinícolas), así como de los cestos, canastas y cubas que se utilizarían para el traslado de la uva y posterior pisa.

La preocupación por parte de los señores por la venta y la calidad del vino es constante. Por ello surgen una serie de normas, unas escritas y otras no, en las que se penaliza al tabernero fraudulento que intente engañar aguando el vino o cambiando el origen del mismo.

Los diezmos, impuesto recogido por la iglesia, eran pagados en productos agropecuarios, en los que destaca el peso importante del vino. Todas las grandes abadías tienen en sus dependencias grandes bodegas donde se recoge y almacena el vino procedente de las tierras monasteriales. Por ello, nos vamos a encontrar con que la máxima expresión artística de este momento, el arte románico, recoge en estos grandes edificios religiosos, las imágenes de este mundo agrario. En Guadalajara, tenemos en la iglesia de San Miguel de Beleña de Sorbe, un mensario representado en la arquivolta, con tareas relacionadas con la producción de vino.

<< Go back to the previous page