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¿SE DEBE ABONAR LA VIÑA?

Aunque parezca mentira, es útil razonar la evidente contestación a la pregunta anterior, ya que no faltan viticultores que, si no se la plantean, actúan como si para ellos fuera indudable la respuesta negativa.
En efecto, en algunas comarcas españolas en las que la uva no es la producción principal y en las que es escaso el estiércol, por serlo la ganadería, se aplica todo el poco abono orgánico de que se dispone a otros cultivos diferentes del de las vides pareciendo demostrar que la vid no precisa abonos.
Teniendo en cuenta las dificultades que en muchas ocasiones puede suponer el abono de la viña muchos agricultores acaban por conformarse con producciones míseras, sobre todo si no echan bien las cuentas de lo que el cultivo de la viña les cuesta y de lo que les produce…
La falta de estiércol puede ser suplida en parte, con los orujos y con otros abonos orgánicos procedentes de subproductos de la misma cepa, debidamente preparados; con el aprovechamiento cuidadoso de residuos de toda índole, y por último con los abonos verdes, salvando discretamente, y según las condiciones de cada caso particular, los escollos que se oponen a su utilización en los viñedos. Aliviada la falta de materia orgánica de las tierras, el abonado mineral adecuado, complementario, no presenta ya más dificultad que la de saber formularlo adecuadamente.
En las comarcas españolas en las que los viñedos forman parte de los cultivos más importantes o constituyen el principal, es decir, en la mayor parte de España, se abona la viña mejor o peor, pero ningún agricultor duda de la eficacia y necesidad de los abonos para el viñedo, aunque por causas que pocas veces encuentran la debida justificación, se escatiman excesivamente en la mayoría de los casos.

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