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LA LOCURA DEL AGUA

Hoy quiero compartir con vosotros esta pequeña reflexión del periódico Nueva Alcarria de Jesús de Andrés:
“ Vaya por delante que no estoy en contra de los trasvases, al contrario. Al fin y al cabo, el agua de los ríos llega a nuestras casas. Las obras hidráulicas son necesarias y nos facilitan la vida, generan riqueza y desarrollo, pero también tienen un coste, unas consecuencias directas sobre su entorno. Bajo las aguas de cada pantano se han perdido pueblos, culturas, tradiciones, paisajes de ribera y hábitats que nunca se recuperarán. Por ello debe exigirse que sean comedidas, estén bien planificadas y tengan una función social. Que si llevan bienestar a zonas alejadas también generen riqueza allí donde se hizo el mayor esfuerzo, que no es otro sino la destrucción de lo que había, un patrimonio acumulado durante siglos.
El problema del trasvase es que se hace sin respeto alguno. No se respeta a quien lo entregó todo –sus casas, sus tierras, su paisaje, su memoria- a cambio de nada. Se realiza desde la mentira de las cifras mínimas y los porcentajes exiguos de agua embalsada en pantanos que son desiertos de fango seco y cuarteado.
Parece mentira que haya que recordar continuamente que el Tajo no es una tubería, que su agua no es un derecho de las zonas receptoras, que no sólo se trasvasa agua sino que se están trasvasando rentas, que es un trasvase de recursos de zonas pauperizadas a otras más ricas. Cuando la injusticia es evidente, porque se quita a quien no tiene, se genera un agravio.
Para activar una solución, para multiplicar el número de hectómetros  mínimo y que se trasvase agua una vez que el pantano esté mínimamente lleno, sería necesario tener el poder que no se tiene, la influencia de la que se carece o llamar colectivamente la atención sobre el problema.”

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