EL VINO, TAMBIÉN SE COME…

EL VINO, TAMBIÉN SE COME…

No podemos olvidar que el vino no solo se bebe, sino que se come, puesto que se convierte en ingrediente fundamental en multitud de recetas. Desde los orígenes de las grandes culturas, su relación con otros alimentos siempre ha sido de gran importancia, como nos enseña a descubrir la técnica de las armonías o combinaciones entre lo sólido y lo líquido, un arte muy subjetivo y especializado, pero que contribuye a mejorar el consumo tanto del vino como de los propios platos o tapas. El vino en función de su producción y singularidad de elaboración, presenta una diversidad de sabores y , por lo tanto, toda una gama de posibilidades para ser combinado en la cocina y en la mesa.

Tan excelente alimento es el vino que está comprobado que consumiendo una cantidad diaria, fundamentalmente de tinto, se obtienen beneficios añadidos, como la prevención de problemas cardíacos, la reducción del colesterol malo y el aumento del bueno, el retraso en la demencia senil y hasta la adquisición de polifenoles anticancerígenos en lo que es la gran batalla de nuestro tiempo.

Decía Fredy Girardet, maestro suizo de los fogones mundiales, que la comida no es sino una armonización entre los platos y el vino: si se dispone de un gran vino hay que buscarle una gran compañía; si tenemos un gran plato, hay que encontrar el vino justo. De esta interrelación resulta la excelencia. El vino es el 50 % de la comida y no sólo por ser “alimento”, sino por su imprescindible labor de acompañamiento de cada plato.

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