VINO SEDUCCIÓN

VINO SEDUCCIÓN

Parece difícil medir con un rasero las sensaciones que nos transmiten los grandes vinos del mundo. Los mejores blancos y tintos del siglo XXI tienen unos valores de fruta, paisaje, terruño y cultura absolutamente inéditos, que si queremos entender y disfrutar plenamente, tenemos que descubrir desde los sentidos hasta las emociones. Los clásicos siempre han sido puro placer pero, hoy, este disfrute se ha democratizado y miles de pequeños y grandes viñedos a lo largo del planeta producen sus etiquetas desde el terruño y la sensibilidad. Las palabras asociadas a la cata de un vino deben ser más cercanas a las sensaciones físicas y a las emociones más primarias y auténticas.

Si queremos que el vino vuelva a ser patrimonio de todos, no hay que perderle el respeto, pero si romper la distancia, relacionarnos con él de una forma más libre, más instintiva. Quizá así lo entendamos y lo abarquemos con toda su verdad. Los vinos del siglo XXI ofrecen un enfoque nuevo, más cercano a la naturaleza y, por tanto, una poderosa carga de sensualidad. Cuando los bebemos, no tienen la austeridad de los años pasados en toneles añejos, no saben a cueva, a bodega, sino a fruta dulce, a piedras calentadas por el sol, a bosque umbrío, a ribera de arroyo, a monte mediterráneo. Hemos redescubierto la seducción de la uva y el paisaje y el roble gana juventud y pierde protagonismo para aportar esa sintonía que une el estilo con el relieve de la zona.

Los vinos saben más, y hasta sientan mejor, si estamos sumergidos en el medio en el que proceden.

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