EL VINO EN EL RESTAURANTE

EL VINO EN EL RESTAURANTE

Va en aumento la afición a descubrir nuevos lugares donde se coma bien, o al menos, con cierta originalidad. La decoración, la iluminación, el ambiente y el trato son factores que se complementan con una sabrosa e imaginativa cocina, y el vino es pieza clave de esa armonía.

Sin embargo, las cartas de vinos de los restaurantes intentan, ante todo, ofrecer aquellas marcas que, se supone, va a pedir el cliente, sin tener en cuenta que, además de éstas hay que ofrecer al cliente una variedad de orígenes. Una vez un hostelero me dijo que simplemente no podían perder el tiempo recomendando vinos desconocidos y apostaban por lo seguro y lo rápido. ¡Qué pena!.

La carta deberá incluir los vinos tintos con cuerpo que puedan acompañar a los platos fuertes regionales; los blancos, para acompañar pescados y mariscos. Merecerá confianza todo restaurante que reseñe especialmente un cierto número de vinos recomendados por el chef, sumiller o propietario.

Antes de nada, no dudemos en preguntar el origen del vino de la casa, así evitaremos sorpresas. Por ejemplo, si en un restaurante de una región vitícola sirven como vino de cabecera un vino de otra región, no dejará de ser un contrasentido. El restaurador ha de saber que al igual que el plato o el postre de la casa son elementos clave en los que debate su prestigio, también el vino de la casa tiene su importancia, y no ha de ser necesariamente el más barato.

Lo normal es que la procedencia del vino sea local. El vino de la casa puede ser el más barato; pero nada impide que sea también uno de los más caros si el restaurador se compromete a ofrecer un producto de calidad adecuado a su carta. Una comida de 10 hace volver a un cliente, pero esa comida no se redondea si no se riega con un buen caldo.

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