LA ALEGRÍA DE LA VENDIMIA

LA ALEGRÍA DE LA VENDIMIA

Comienza el otoño y como cada año el ciclo de la vida sigue y la vendimia se siente cerca. Es el momento culminante para la transformación de la uva en vino. La evolución en la vid lleva a que los técnicos de cada bodega decidan el momento idóneo para la recogida del fruto, una decisión no siempre sujeta a parámetros muy firmes, sino que puede venir condicionada por factores exógenos.

Cuando las uvas llegan a su plena madurez y alcanzan la relación idónea comienzan las alegres labores de la vendimia. Todos los esfuerzos que se han consagrado al viñedo van a transformarse en una prometedora cosecha que irá a parar a los lagares para convertirse en vino. Es importante que el buen tiempo acompañe a la recolección, ya que la perfecta maduración del fruto se juega precisamente en esos días que preceden a la vendimia. Las cepas que han florecido primero se benefician de las horas de sol que ofrece el solsticio de verano; las cepas más tardías desarrollaran su última fase de maduración en los días ya menguados por la disminución de las horas solares.

El vino no perdona los errores cometidos en el momento de la vendimia. Por algo, uno de los más sutiles placeres que nos brinda una copa de vino es una misteriosa comunicación (que los griegos ya consideraban sagrada) entre el goce sensual y las fuerzas ocultas de la tierra.

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